“La vida es más sabrosa en la playa” dice el adagio popular, y toma más sentido cuando se acerca el periodo de vacaciones más esperado: el cierre de año. Pero qué hay del ciudadano de a pie que no cuenta con días de descanso por la razón que sea; tendrá que seguir con su monotonía diaria en la jungla de asfalto abocada en estrés y no en un resort paradisíaco alejado del virus del caos.
La ciudad musical del país está sumando más problemáticas a su haber convirtiendo tal realidad en algo insostenible para el gobierno local como para toda la población ibaguereña. No solamente el habitante o visitante de la ciudad sufre los flagelos de la inseguridad, el desempleo, las riñas, la violencia doméstica, entre otros; sino también la congestión vehicular es el nuevo dolor de cabeza para el alcalde y comitiva que se la pasa sorteando líos incesantes.
El residente natural de la capital del Tolima, años atrás se daba el lujo de jactarse de poseer una circulación de tráfico vehicular que cualquier metrópoli del país envidiaría tener. Ahora, la actualidad diverge de ese status de privilegio. Esa corona se le ha despojado a Ibagué; no es más monarca del reino de las vías fluidas sino un preso harapiento de las calles embotelladas.
Ir de un sitio a otro en poco tiempo es algo que se echa de menos; no poder hacerlo hoy en día a pesar de las mínimas distancias es un cuento del pasado. No aprovechar la bondad de los tramos cortos es un acto agobiante para el conductor de un auto particular y para el pasajero del servicio público.
En los rincones de la secretaría de tránsito y en los hogares ibaguereños la pregunta que más resuena es ¿cómo darle solución a la congestión vehicular? Por ende, las medidas a tomar para darle un vuelco a tal suplicio social son imperativas; se requieren planes de contingencia que al menos sean un parte de tranquilidad.
Si a los corredores viales no les cabe un vehículo más, con la llegada de las vacaciones de fin de año, temporada de fiestas y el aumento de comercio por la época, será toda una tortura inquisidora el tránsito para todo transeúnte. No se aguanta más la carente participación por parte de los responsables de la adecuada movilidad.
El parque automotor en Ibagué se va incrementando exponencialmente debido a las inversiones en diferentes rubros de la ciudad; “no hay calle pa’ tanto carro”. Y no podemos pasar por alto la deprimente malla vial: los autos no andan por asfalto sino por trincheras de campos batalla.
Vamos a ver si la renovación de la red de semáforos con tecnología led, el aumento de uniformados de tránsito en las principales arterías viales, el levantamiento de carros parqueados en zonas prohibidas y una posible nueva franja de pico y placa, sirvan como agentes de cambio que disminuya la atrocidad de los trancones y no unos protocolos que sean solo paños de agua tibia.
Por: Iván Ruiz Cronista El Informativo del Tolima