¿NOS VOLVEREMOS COMO VENEZUELA? 

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El tema político en el país causa mucha controversia y más por estos tiempos de elecciones, se puede decir que en general los ciudadanos suelen dividirse en tres sectores: los que piensan en un cambio, los que prefieren que todo siga igual y los que no se definen políticamente pues esto les causa estrés y prefieren no opinar.

Todos los seres humanos somos innatamente políticos, por esa razón no podemos negar nuestra naturaleza y debemos reconocer la importancia de esta, puesto que, la actividad política sirve para mejorar o empeorar el ambiente en el que vivimos, nos afecta no sólo como individuos sino como un conjunto social que interactúa y que es impactado mayoritariamente por decisiones de minorías que camuflan sus intereses bajo el ropaje demagógico de la defensa de toda la ciudadanía.

Por tal motivo se debe priorizar la participación de los ciudadanos, ya que, independientemente de su orientación política hay que salir a votar, pero a la hora de elegir hay que ser responsables e indagar, ya que antes de compartir información ya sea en formato de texto, imagen o video, se debe ser crítico ante las publicaciones amarillistas y tendenciosas que lo único que buscan es aprovecharse de nuestra pereza e insuficiencia para investigar y terminar persuadiendo la intención de voto.

Y es que gracias al uso parcializado de las redes sociales ha venido tomando fuerza la pegajosa consigna “nos vamos a convertir en Venezuela”, pero qué hay de cierto en esta frase, pues empecemos a aclarar su veracidad; primero todos los países por condiciones económicas, sociales y culturales son diferentes por esta razón ningún país es ni será igual a otro.

Por ejemplo, mientras en la época dorada del chavismo el socialismo se vió por gran parte de la población venezolana como opción de modelo de desarrollo, en Colombia este proyecto político no tiene gran acogida entre los colombianos, que aprecian enormemente la libertad económica y política, por este motivo los partidos políticos progresistas no están proponiendo un modelo socialista, sino un modelo liberal de economía mixta donde el estado intervenga más y se haga cumplir la constitución.

En segunda instancia encontramos que, aunque la economía colombiana posee una fuerte dependencia del petróleo, el campo colombiano basado en el trabajo de los campesinos minifundistas, es un pilar económico que aún es productivo y podría llegar a ser mejor si se prioriza como sector fundamental para asegurar la soberanía alimentaria. Todo lo contrario, a Venezuela que por la bonanza petrolera abandonó las tierras para dedicarse a importar alimentos. 

En tercer lugar, y no menos importante, Chávez tenía a favor el congreso, los jueces y el control de la economía petrolera. Además, la oposición venezolana se había suicidado políticamente y no tenía acogida entre la población. En Colombia, por el contrario, un gobierno alternativo tendría grandes dificultades para tener mayorías en el congreso y adoptar políticas tan temidas como la expropiación de bienes; no está claro que el poder judicial esté de su lado y el empresariado presionaría para defender sus intereses utilizando el amplio espectro de medios de comunicación. A esto se suma el poder del aparato militar que no estaría de acuerdo con un manejo radical de la economía y sociedad colombiana. Con esto en mente, es factible pensar que un gobierno alternativo tendría que negociar muchas de sus decisiones con los factores de poder colombianos y no podría ser tan radical como  lo venden los medios de comunicación cercanos al gobierno.

Vistas las cosas desde esta perspectiva, y tomando en cuenta que tenemos nuestros propios problemas e idiosincrasia, podemos afirmar que Colombia está lejos de llegar a ser como la Venezuela Socialista.

Por Ingrid Portela.