NO SE AGUANTA MÁS TANTO LADRÓN

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En el monte Sinaí se tiene el primer mandato punible que condena al que roba sobre el cual se tenga registro históricamente. Las tablas sagradasplasman una regla inconvertible: “No robarás”. No obstante, muchos pasan por alto tal norma sacra que, espero en posición personal, sean condenados en vida o en ultratumba.

En el abanico de actos indignantes, sin duda alguna el robo encabeza esa lista. ¿Quién no ha sido víctima de ese flagelo? Espero que ningún lector fue, es y/o será despojador de las propiedades de otro. Porque uno mismo, aunque no hayamos sido los ultrajados, ver a alguien que si lo ha sido, produce una sensación de impotencia y dolor mancomunado.

En estos últimos días en la bellísima ciudad de Ibagué, un visitante procedente de la capital de país (quien les escribe esta crónica), se ha visto atemorizado por la cantidad alarmante de actos delictivos vistos con ojos propios y oído por boca de otros.

Yo, un bogotano de pura cepa, no puedo eximir a mi ciudad de origen porque si en Ibagué llueve, en Bogotá no escampa. Los índices de robos ponen en primer lugar a la metrópoli más importante del país; y la bella tierra del bunde se posiciona dentro del top 10.

El ciudadano ibaguereño tiene una percepción de inseguridad rotunda; no se siente seguro cuando traspasa su portón para exponerse a la calle. La delincuencia común como son los raponazos, el cosquilleo, el amordazamiento, entre otros; son un monstruo de  varias cabezas que infunde terror a la gente trabajadora, servicial y alegre de la capital musical.

No se puede usar a la pandemia como la principal razón del incremento en la tasa de inseguridad, porque antes del confinamiento, el azote de la delincuencia siempre ha sido un palazo para la ciudadanía, que ya no aguanta más. Mientras las entidades como son la policía metropolitana,maquille las cifras suministrando información que ha disminuido el hurto ostensiblemente; pues así no es señores.

No puede ser que la dueña de un celular de alta gama tenga que transportarse todos los días en taxi o Uber para evitar ser robada en el transporte público; no puede ser que debamos meternos las manos a los bolsillos cuando andemos por el centro para impedir que nos despojen la billetera; no puede ser que ya no podamos ir a un establecimiento de comida por la incertidumbre de ser asaltado; no puede ser que no podamos andar con tranquilidad por la Ámbala, por la Ferrocarril o por la Quinta por miedo a ser arrinconados por motociclistas o por una runfla de hostigadores que desean arrebatarnos nuestras pertenencias.

Esto es un clamor generalizado: con atrevimiento me tomo la voz de la comunidad para decirles a los organismos de control que por favor se apiaden del pueblo que no aguanta más. Coloquen más pie de fuerza que no solo estén para obligar el uso del tapabocas y sobrevolar la ciudad para reproducir un anuncio cliché, sino que también velen por la seguridad;  robustecer el sistema de cámaras no es suficiente si esos videos e imágenes solo circulanpor redes sociales y no se usan para judicializar al responsable; fortalecer los organismos de justicia para que los hampones no vuelvan a rondar en la ciudad por falta de pruebas.

Está tan dura la delincuencia que le pido a usted apreciado lector y apreciada lectora que no solo cuide su celular, su cartera, su joyería, sus bienes materiales, sino también su integridad física y hasta a su pareja sentimental. Porque hasta ladrones de corazones andan rodando como aves rapaces. 

Por: Iván Ruiz.